El día que nací yo, era fiesta. O sea que toda esa gente (varios de mis
biógrafos, entre otros) que comenta que el uno de noviembre se
conmemora mi nacimiento, se equivoca. Ya era fiesta antes de nacer yo.
Crecí, para desesperación de mis padres, en voracidad y tamaño, mas no en saber y gobierno; jugué a la pelota y toqué la guitarrita, y desconcerté a los agoreros que me definían como un tipo rarito con pocas posibilidades de desposar, casándome y teniendo dos hijos. Con ellos, apliqué el método anguila: escurrir el bulto e intervenir lo menos posible, para no estropearlos demasiado. Y triunfé.
Ahora, entre campaña publicitaria y ratito de plancha, escribo y hago música. Espero que me hagáis rico comprando mis libros y, en cuanto haya una página que ofrezca esa posibilidad (¡ánimo, señores de bubok!) trataré de vender mis canciones. Mientras tanto...
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